Esta tarde mantuve una conversación telefónica con una mujer (...). Me llamó porque quería escribir pero no lo estaba haciendo.
-Entonces ¿por qué no escribes ahora? -le pregunté (...)
-Tengo miedo de que me falte originalidad -me comentó la mujer-. Tengo miedo de que mis ideas estén manidas y y no me dé cuenta. Tengo miedo de realizar un trabajo ímprobo y que la gente después tan sólo comente: "eso ya lo han hecho otros".
-Párate ahí -le contesté-. No hay nada que no se haya hecho antes. No te preocupes por innovar. No existe nada "nuevo". Preocúpate por ser humana.
Julia Cameron, "The Right to Write"
sábado, 6 de enero de 2007
Mi dilema
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Rojo
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Etiquetas: escritura
Inicio (prueba)
Inicio aquí un nuevo blog. El otro (rojodos.diaryland.com) me estaba provocando cierto rechazo, no sé por qué. Bueno, sí sé por qué. La tarea de postear una entrada nueva suponía tener que liarme a editar HTML para añadir cada linea de comentarios. Y cada N entradas había que cambiar de página. Vamos, una cosa muy cansina. A ver qué tal me va por aquí.
De momento el diseño es estándar. Ya lo iré cambiando...
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martes, 21 de noviembre de 2006
Fuckinbastards
Hala! Ahora me entero de que iespana, al parecer, ya no admite referencias externas a las imágenes.. y este blog lleva la tira de tiempo sin ellas.
Ya me vale.
A ver si saco un rato y lo muevo todo a Photobucket, que creo que esos sí que lo permiten.
Mamones.
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domingo, 19 de noviembre de 2006
Otro sueño bizarro
Hace mucho que no escribo un sueño. Normalmente son anodinos y sin interés, o directamente no me acuerdo de ellos. Pero este lo he apuntado al despertar.
Estaba en el trabajo y de repente, a partir de una discusión sin importancia o un maletendido, un compañero se enfadó muchísimo conmigo, porque decía que yo le habría tratado de malos modos. Intenté aplacarlo pero sin éxito: el tío intentaba llevarse mi teclado y mi pantalla TFT.
Finalmente consigo que se calme y juntos vamos a visitar a un cliente que vivía cerca, que tenía un problema con sus sistemas. Dicho cliente vivía en una especie de venta manchega, como donde veló armas Don Quijote la primera noche.
Todo sin problemas, pero a la vuelta andando por la calle me despisto un momento y le pierdo. Vuelvo atrás a ver si le veo, pero nada. Entonces me harto y voy a coger mi coche para volver a casa. Arranco e intento avanzar por la calle, pero está bloqueada por unos coches que vienen en dirección contraria y no me dejan pasar.
Los coches son de una boda, al parecer, y tanto novios como invitados vienen caracterizados como personajes de Star Wars. Me hacen signos desde los coches como "¡da marcha atrás comandante!" o "¡esta no es la dirección que quieres coger, somos libres para andar por donde queramos!", usando la Fuerza para desanimarme.
De todas formas yo intenvo avanzar, pero me es imposible porque además alguien tira de mi coche hacia atrás. Me vuelvo y descubro que en la esquina hay una especie de tanque de la policía que me tiene enganchado con un alambre y me impide avanzar. Me cabreo, doy marcha atrás y golpeo al tanque, volcándolo.
Del tanque volcado sale una chica y me preocupa que esté herida, así que dejo el coche y voy a ver cómo está. Es negra, bajita, con pelo rizado oscuro, y se sienta en el suelo a llorar. Yo la consuelo un rato hasta que deja de llorar. Es muy guapa. Me invita a ir a su casa y acepto (en el sueño yo soy soltero).
Su casa, que está cerca, está muy bien decorada con libros, plantas por todas partes y paredes de pladur organizadas con imaginación. Yo ya pienso que me va a llevar a su dormitorio cuando veo un fulano encorbatado sentado en un sillón mirándome severo. Debe ser su padre, pienso (aunque el tío es blanco), y le doy la mano. Para mi verguenza, me quedo con su mano en la mano: el tio es manco y la mano es ortopédica. La devuelvo como puedo a su sitio y el tío no me dice ni una palabra.
La chica me lleva a la terraza que es grande como un campo de fútbol, y para mi decepción (recordad la idea que yo traía) allí hay como 30 personas de su familia, mayores, niños, correteando y haciendo una especie de fiesta. La que parece ser la madre se acerca con un delantal y me da dos besos: uno en la mejilla y otro en los labios. Es lo más parecido al sexo que voy a tener en esa casa así que, bueno.
Vuelvo a entrar a la casa y en la cocina veo que tienen pensado cocinar salmón. Han comprado dos salmones del tamaño de un cerdo cada uno y los tienen en barremos con agua, vivos. Los chicos mayores enseñan a los niños la mejor manera de matar a los salmones: les dan dos tajos con un cuchillo en el lomo.
"Pero fijaos como el salmón no se muere: nos está engañando. Pero nosotros somos más listos", dicen los mayores, "ahora dadle un corte en la nuca y veréis como no puede respirar".
En efecto los cabrones de los niños lo hacen, y el agua se llena de sangre y el salmón se pone a
boquear y agoniza salpicándolo todo. No aguanto más y me voy de la cocina.
Me siento en una de las camas, es todo una locura. La chica del tanque viene ahora a consolarme, pero le digo que quiero irme de allí ahora mismo.
Cuando salgo a la calle intento buscar mi coche, pero he olvidado donde está.
Y así me despierto. ¿Necesito terapia?
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domingo, 12 de noviembre de 2006
Updated 26 days ago?! Coño.
Agg, escribir, escribir... hace tanto que no vengo por aquí.
Alguien, en alguna parte, es posible que, hipotéticamente se pregunte qué es de mi vida. O como alguien como yo, al que las palabras se le suelen acumular en la punta de los dedos, deje esto tan abandonado durante tanto tiempo.
El trabajo, esta vez, no será una excusa. Estoy en un cliente agradable y la mayor parte de los días estoy a gusto.
Realmente no he dejado de escribir ni un solo día. Aunque el Diaryland esté echando telarañas, además este año no me he apuntado al Nanowrimo, eso no quiere decir que no escriba. El e-mail suele echar humo, y quien me conoce sabe que mis correos no son los del tipo...
K PASA TIO QUANDO KDAMOS - TE MANDO UN POWERPOIN DE TIAS WENAS
... sino que me gusta explayarme y dejar entrever algo de mi día a día en cada mensaje, y decirlo de forma imaginativa. Además últimamente suelo colaborar en forma de chorradas imaginativas en el blog de Escolar, cosa que me divierte mucho. Quizás debería dedicarme a ello de manera más personal, por ejemplo en este diaryland.
Mis últimos escaneos de dibujos (sí, eran míos) me trajeron una consecuencia inesperada. En la empresa de mi hermana necesitaban un ilustrador para un folleto interno y les hice unos monigotes. Ahora dicen que quieren más y que, hombre, contratarme no me van a contratar, pero algo caerá en forma alimenticia por Navidad. ¿Un jamón? Pongamos mejor un turrón, me han insinuado. Coño, algo es algo.
Y eso. Vaaaaale, prometo venir por aquí más a menudo.
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martes, 19 de septiembre de 2006
Oportunidades
Sí, llevo varios días sin escribir. Pero no solo aquí. Tampoco en los múltiples cuentos que tengo en proceso. Es como si el grifo se hubiera secado temporalmente. No me extraña, la verdad, teniendo en cuenta la cantidad de cosas que llenan mi cabeza y me aturden.
El otro día se murió mi abuelo. Era un tipo duro y fuerte como un roble, o al menos esa era la impresión que me dio desde pequeño. Se recorrió el país construyendo pantanos y haciendo trabajos chungos y arriesgados, llevando a su familia a cuestas. Cuando pienso en él lo recuerdo con su soldador eléctrico en casa, haciendo unas rejas para las ventanas, o llevándonos a la playa en coche, manejando el volante con esas fuertes manos, antes de que yo supiera dónde estaba el embrague de un coche. Pero últimamente había topado con una tarea demasiado heroica hasta para él, y el otro día nos dejó, así por las buenas.
En fin. Nunca hasta ahora se me había muerto alguien tan cercano, alguien que me cuidó durante incontables tardes de mi infancia. No sabes lo que sentir en esos momentos, al menos yo. No he llorado nada, simplemente me he quedado flipando, como diciendo "Pero qué coño...". Como también soy un descreído, no tengo un santo o una virgen frente a la que lamentarme o rezar. Así que durante varios días no he sabido encontrar mis sentimientos.
Creo que ayer cambió un poco la cosa. Acompañé a K a misa, y en el entorno tranquilo y relajado que allí se produce, me puse a pensar. Su recuerdo me vino de nuevo, pero ahora de un modo diferente. Frustración. Por todas las cosas que no pude hacer.
Tenía la ilusión de aprender bien a navegar algún día, y llevarle a dar un paseo. También me hubiera gustado tener un niño a tiempo de que él pudiera enseñarle cosas. Pero sobre todo, me hubiera gustado hablar con él de tantas cosas. Antes no podía, yo era un niño y no habría entendido nada; pero ahora que ya no lo soy, haberme sentado con él y preguntarle sobre su vida. ¿Cómo fue tu infancia? ¿Cómo conseguiste formar tu familia? ¿Cómo pasaste la época de la guerra, cómo conseguiste sacarlos a todos adelante durante aquellos años de dificultad? Quizás a él le habría encantado contarme su vida, a su nieto que ahora ya ha crecido, y yo podría haberla escrito, y haberla convertido en un tomazo lleno de sabiduría e historias increíbles.
Y no sé. Esas y muchas otras preguntas se me iban ocurriendo en el silencio de la iglesia del barrio, y la única respuesta es que ya no podré tener esas conversaciones con él, cachislamar. Me quedan, por supuesto, miles de recuerdos, y su imagen en cientos de fotos y videos, y todo lo que él me enseño forma ahora parte de lo que soy. Pero siento que he perdido una oportunidad única de aprender otras muchas cosas.
Y entre todos esos pensamientos, cobra fuerza uno. Ahora estoy seguro de querer tener un bebé, y a no tardar mucho.
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martes, 15 de agosto de 2006
La Guerra de los Mundos
Una gran roca surgió de las profundidades de la Tierra el siete de septiembre, con un ruido como de trueno, y desvió la lava del norte hacia el noroeste. Rápidamente, la lava destruyó los pueblos de Maretas y Santa Catalina. El once de septiembre, la erupción comenzó de nuevo con renovada violencia. Las lavas comenzaron a fluir de nuevo, incendiando y destruyendo el pueblo de Mazo buscando el camino hacia el mar. Allí, grandes cantidades de peces muertos pronto flotaron en la superficie del mar o vinieron a morir a la orilla. (...)
Cada vez que lo leo, no puedo evitar acordarme de la obra de H. G. Wells. Hola. Vengo de allí. He pasado unos días en Lanzarote. El tío que escribió esto era el cura de un pueblecito llamado Yaiza, que un buen día de hace doscientos y pico años se tuvo que enfrentar, junto con todos sus vecinos, a la cosa más acojonante que imaginarse pueda, sobre todo si pensamos que aquella gente eran campesinos sin televisión ni (probablemente) libros, y a saber lo que pensaron que era aquello. La ira de Dios. Y duró seis largos años.
Digo que me recuerda a Wells porque lo que más me impresionó de La Guerra de los Mundos fue el localismo, la familiaridad en nombrar lugares, como si fuera un artículo de periódico o una noticia de televisión. "Tal pueblo ha sido arrasado, tal carretera ha sido destruida entre el km tal y cual a la hora tal". Tiene que helar la sangre oir noticias así.
Como cuando te enteras (en el hotel la tele no funcionaba) que los pueblos de unos buenos amigos están rodeados de fuego por todos lados. Animo gallegos.
Que una cosa es un volcán encendido por "la ira de Dios", y otra un incendio azuzado por la ira de un hijoputa.
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