viernes, 16 de noviembre de 2007

El diseñador francés y la enfermera nazi

Este post iba a escribirlo en caliente, pero no era el momento y además su calidad literaria habría quedado bastante más perjudicada.

Todo comenzó cuando el coche de K se negó a arrancar una fría mañana. Todos los indicios, a juzgar por mi limitado conocimiento mecánico, apuntaban a la batería. Segun el implacable registro de mantenimientos que lleva K, la batería se cambió hace 3 años. ¿Podía ser? Probamos a arrancarlo con cables desde mi Crucero Naboo, y sí, arrancó. Señoría, no hay más preguntas. Se va a comprar una batería nueva.

Fuimos a un sitio de coches de San Fernando, pero la única batería que a esas horas de la noche (20:30) tenían para el coche de K, tenía una pinta muy cutre y lamentable. Optamos por ir a un centro comercial (el Parque Corredor) donde había un Norauto. Allí adquirimos una bonita batería nueva, y además aprovechamos la noche para comprar velas y ornamentos navideños, para recordar viejos tiempos y pasear por tiendas de decoración de diseño. Además, el buffet de cena de Flunch nos sedujo, y acabamos por cenar allí, al lado de un grupo de soldados de la BRIPAC que reían brutalmente mientras sorbían flan tras flan, en lo que parecía un sórdido concurso.

Llegamos a casa con la batería nueva y me dispuse a cambiarla. Al ir a retirar la vieja me di cuenta de que tenía (literalmente) montañas de sulfato en los bornes, ese puto polvo verde que lo jode todo. Había que quitarlo, raspar un poco, porque era imposible, imposible, jodidamente imposible, desenroscar el borne positivo.

(Flashback): Bruselas, 1989. François de la Folleuse, diseñador de coches, gana el primer premio de diseño superfashion "Union Européenne" por su fastuoso diseño de una llave para bornes positivos de batería de automóvil, especialmente apropiada para chicas amantes del buen diseño, de plástico y un bonito color rojo, en la que el sitio donde apoyas los dedos para hacer fuerza y desenroscar mide menos de 0,5 cm. Algunos miembros del jurado han votado en contra por considerar que, el día que haya que hacer fuerza de verdad para desenroscar, el marido de la dueña del coche se las va a ver PUTAS y se va a dejar los dedos, las uñas y el alma en hacer fuerza, y que sería mejor poner una buena tuerca de toda la vida para poder usar llave inglesa; pero finalmente el señor De la Folleuse se alza con el premio y se va de putas belgas para celebrarlo.

(de vuelta a 2007) Tras varios minutos de liarme a insultos y golpes con la llave del borne de la batería, me parece oir un silbido. "Dios", pienso, "esto deben ser los super-venenosos gases que hay dentro de la batería". Me aparto, alarmado, del coche. Entonces, me doy cuenta de que sigo oyendo el silbido. Es mi resuello, agitado, presa de los nervios. Optamos por irnos a dormir, pues son casi las doce de la noche, y llevarlo mañana al taller y que ellos se las apañen.

A la mañana siguiente, madrugamos y arrancamos el coche de nuevo con los cables, en medio de una nube de humo blanco que llena el garaje. Con los dos coches vamos al taller, en el pueblo donde K trabaja, y lo dejamos en la puerta del concesionario para meterlo dentro. "Oiga" pregunto al mecánico que vemos dentro, "¿podemos pasar el coche?". Hace un frío que pela. El mecánico mira su reloj y escupe un "aún no, a las 08:30". Son las 08:20. Esperamos a la puerta del taller pasando frío. Finalmente lo metemos al taller y rellenamos la solicitud en recepción.

Por supuesto, ocultamos tímidamente el hecho de que he fostiado la llave del borne con la llave inglesa, hasta dejarla irreconocible, en un arranque de ira la noche anterior: sólo decimos "cambio de batería, por favor" y nos vamos corriendo. K se tropieza a la salida y dice que se ha hecho un poco de daño en un tobillo.

Llego al trabajo a Madrid a las 10:30. K me notifica por teléfono que el tobillo se le ha hinchado y le duele. Le aconsejo que vaya al servicio médico de su oficina. Ella me notifica que tienen servicio médico pero que no hay enfermera desde hace 5 meses. Le aconsejo entonces que vaya al centro de salud del pueblo, pues puede ser un esguince, y que la lleve un compañero en el coche.

Según su relato, al llegar allí la vendan el pie, pues en efecto es un esguince. Una enfermera nazi aparece y le dice que "no tiene por que ir allí con eso", porque es un accidente laboral, oiga, por favor. Tiene que ir a su mutua laboral que está a 2 pueblos de distancia, a 15 km de allí.

O sea que si me perforo la médula espinal con un pincho mientras trabajo en una fundición, no tengo que llamar al SAMUR sino a mi mutua que está en, digamos, Navacerrada. Guai.

Finalmente K vuelve a casa con todos los trámites hechos y el pie vendado, y la noticia de que su coche ya está arreglado. No era la batería. Eran los calentadores. El manual del coche es tan cojonudo que no menciona ni el hecho de que exista un objeto llamado calentadores. Vienen a mi mente imágenes de Eva Nasarre.

En fin, un día para recordar.

Na, sólo quería desahogarme.

2 comentarios:

Inmarteee dijo...

...

¿Y cuánto costó esa inservible batería nueva?

Rogue Two dijo...

Pues unos ochenta mortadelos, pero por suerte la devolvimos a los dos días, y nos nos pusieron pegas.

Ahora trabajo en extraer el conector de la borna usando zumo de limón (ácido vs. base), a ver si sale.